Madeira (y IV): Levada del Caldeirão Verde y levada del Caldeirão do Inferno

miércoles, 5 de marzo de 2014

Tierra de agua
Mucha agua en la ruta


Aprovechamientos
Aquí hubo que desviarse


Riesgo de caída (Madeira, Santana)
Pequeño desvío


Angosturas
Levada con cable de seguridad


Levada do Caldeirão Verde (Santana, Madeira)
Barranco y cable de seguridad


Caminhos (Santana, Madeira)
Posibilidad de adelantar


Levadas peligrosas
La costa


Every waterfall is a teardrop
Cascada


Cascata do Caldeirão Verde (Santana, Madeira)
Caldeirão Verde


Desde el Caldeirão Verde (Santana, Madeira)
Caldeirão Verde


Salirse del camino
Otro desvío


Valles jamás hollados por el Hombre
Valle virgen


Vértigo (Santana, Madeira)
Vértigo


Un paseo por Pandora
Escaleras empinadas


Túneles (Santana, Madeira)
Túneles


El final del camino (Santana, Madeira)
Caldeirão do Inferno


Vista do Caldeirão do Inferno (Santana, Madeira)
Caldeirão do Inferno


El gran fuerte de Madeira no son sus playas, sino sus paisajes. No es ir a tomar el sol como un lagarto durante horas sino moverse y explorar, en coche o a pie.

Madeira es uno de los mejores lugares del mundo para hacer senderismo. Sus espectaculares paisaejes y su variedad y el hecho de no tener una fauna salvaje con depredadores de los que preocuparse hacen que cualquiera pueda aventurarse por caminos cruzando sus bosques sin miedo a ser atacado. Y también por sus levadas, pequeñas canalizaciones que distribuyen el agua desde el interior húmedo hacia la costa y que alcanzan unos 1400 kms de longitud.

Como ya dije en rutas anteriores, la ecología de Madeira ha sido ampliamente agredida a lo largo de los siglos pero todavía se conserva en un buen estado en los inaccesibles valles del interior de la isla.

Sumando todo eso, una de las cosas que tenía que hacer obligatoriamente era recorrer una de esas levadas. A la hora de decidir estuve estudiando varias de ellas y finalmente me decidí por la que sale de Queimadas, en Santana hasta un antiguo cráter medio demolido llamado el Caldeirão do Inferno, con parada en otro cráter llamado el Caldeirão Verde.

Y me informé porque aunque no haya depredadores, un camino así por medio de la laurisilva y caminando por riscos tiene sus peligros potenciales y hay que conocerlos y prepararse para ellos para no tener ningún disgusto.

Lo primero: laurisilva, humedad y un canal de cemento que puede pasar por barrancos pronunciados. Eso significa que vas a tener que llevar una ropa medio impermeable y de colores llamativos (en caso de accidente ayuda a localizarte), calzado apropiado también impermeable y cómodo. Unos calcetines de repuesto no sobran. Además hay que evitar ir en la época de lluvias ya que con tanta agua como cae por aquí los desprendimientos no son ninguna rareza.

Lo segundo: la distancia. Trece kilómetros. Veintiséis ida y vuelta. No es un paseo, así que si estás en una forma cuestionable más te vale prepararte para caminar, sobre todo porque hay un tramo de escaleras muy, muy empinadas. Significa que es muy recomendable ir de mañana para ir con margen suficiente. También significa que has de llevarte en la mochila comida y bebida, porque aunque haya agua por todas partes no sé hasta qué punto puede ser recomendable beberla sin tratar. Ten en cuenta que la fauna y flora microbianas de este agua no es la de tu zona y podrías tener algún problema. No hay muchos baños por aquí y seguro que no quieres tener una diarrea en un camino suspendido sobre un risco y por donde pasa bastante gente.

Lo tercero: veo en las descripciones de otros viajeros que hay túneles. Esto implica que hay que llevar obligatoriamente linterna. O acoplarte a la de otra persona que no va a ser lo mismo y mientras el pisará con seguridad tú igual acabas metiendo un pie en el agua o dándote algún golpe. Para ayudarte a localizarlos hay una aplicación que puede ayudar: Walkme. No es ni mucho menos perfecta, pero funciona off-line. No es que te vayas a perder, porque básicamente el camino va siempre por ladera y no hay casi ningún desvío, pero para saber en qué punto estás es bastante agradecido. No olvides llevar una batería de repuesto, por si acaso (si, hay cobertura).

Con esta mínima preparación y las cosas preparadas nos vamos hasta Queimadas, donde podemos aparcar el coche. Hay varias rutas que pasan por aquí o salen desde aquí, pero la que nos interesa es la que empieza al lado de unas casas con techo de paja que forman parte de esa especie de parque recreativo que se montaron allí. De todas formas está bien señalizada como "Caldeirão Verde".

La primera parte de la ruta es bastante amplia y se va estrechando a medida que nos vamos acercando a los valles, de forma que en poco tiempo nos quedamos únicamente con un sendero, que en muchos puntos se va a limitar únicamente a lo que es el muro de la acequia.

A medida que vamos avanzando y se suceden los valles veremos vistas espectaculares llegando a verse en ocasiones la costa de Santana, al norte, y estando completamente cerrados al bosque en otras.

Casi cuando comienza a restringirse el camino únicamente a la levada tenemos que dejarla porque hay un tramo en el que es imposible seguirla. Tenemos que bajar por unas escaleras y subir un poco más adelante. Esto nos va a pasar varias veces: que el camino no siempre va a ir por el muro sino que hay pequeños desvíos bien por cascadas, bien por zonas inaccesibles donde la levada casi se incrusta en la roca y va por un risco o por algún que otro desprendimiento, o hay algún puente que ayuda a salvar algún punto complicado. Tened cuidado porque se resbala fácil en el cemento.

Cuando llevamos unos pocos kilómetros y antes del primer túnel hay enlaces con otras rutas como la que lleva de Ilha a Pico Ruivo.

Hay que tener cuidado en los túneles. Algunos son oscuros como la boca de un lobo y no es nada difícil darse un golpe en la cabeza contra el techo o meter el pie en el agua (de ahí lo de llevar calcetines de repuesto). Algunos de estos túneles nos proporcionarán algunas de las vistas más memorables del día, al tener en algunos casos tragaluces que dan a valles muy angostos y completamente vírgenes.

Esta no es una ruta para gente con vértigo, puesto que aunque muchas de las partes más peligrosas del recorrido llevan unos cables de seguridad atados a unos pilotes metálicos, como podéis ver en las fotos. Aún así impresiona estar paseando por encima de un muro de unos pocos centímetros de ancho al borde de un barranco de varias de cenas de metros de altura. Muchísima precaución.

Hasta aquí la ruta ha estado muy limpia y ha habido bastante gente. Posiblemente hayas tenido que hacer cola alguna vez para pasar por algún punto en concreto o adelantar a una hilera de jubilados franceses o alemanes, así que paciencia: los grupos grandes siempre son lentos.

La primera parada en esta ruta es el Caldeirão Verde, seis kilómetros y medio después de Queimadas. Cuando fui estaba petao. Varias excursiones de jubilados centroeuropeos estaban reponiendo fuerzas tranquilamente donde la levada se unía con otra que continuaba. Paré a hacer unas fotos y me encantó el sitio: vegetación exhuberante, una caldera medio demolida que tenía un aspecto genial y esa cascada de setenta metros de altura precipitándose justo delante de ti. La levada se construyó para recuperar parte del agua de la cascada.

Tras el breve descanso y viendo que mis piernas estaban en muy buen estado, decidí continuar hasta el Caldeirão do Inferno. Me había propuesto llegar hasta esta primera parada y, en función de las sensaciones continuar o darme la vuelta e improvisar algo más llevadero.

Lo primero que llama la atención es que aunque los cables de seguridad continúan el número de excursionistas desciende de forma dramática: muchísima menos gente va hasta Caldeirão Verde, lo que significa que vas a avanzar más cómodamente y más rápido.

El camino continúa por la levada que enlazaba con Caldeirão Verde hasta un punto en que hay una señal que indica que hay que abandonarla y unas escaleras. No tiene pérdida: la levada está mucho más sucia a partir de ese punto.

Las escaleras, que al principio parecen empinadas se convierten en muy empinadas en breve. La verdad es que es tan agotador subirlas como bajarlas, pero eso no es necesariamente malo, ya que te permite tiempo para disfrutar de los grandiosos paisajes que se ven desde ella, como una cascada que el día en que fui yo parecía que caía directamente desde las nubes. En este punto tuve la sensación de estar paseando por la Pandora de Avatar.

Entramos ya en la penúltima parte de nuestro recorrido al llegar al final de las escaleras y llegar a un túnel triple, ya que dos levadas se unen en él para continuar por  un tercer conducto. Por lo que he leído se va por una levada llamada del Caldeirão Verde que no tiene nada que ver con el que recorrimos. Yo lo recorrí un poco, pero parece ser que se puede seguir durante un kilómetro.

Por cierto que en la foto se ve lo que fueron unos raíles. Moverlos hasta aquí debió ser un castigo. Se utilizaron para abrir el túnel del medio, que por lo visto mide como 2500 metros y son como 45 minutos a oscuras para enlazar con la levada de Pico Ruivo. Imagino que es la misma que va hasta Ilha.

Es una lástima que no haya mucha información sobre la ingeniería y la historia de las levadas y que no haya un mapa de su recorrido, más allá de algunos mapas parciales enfocados en las rutas de senderismo oficiales. Para que os hagáis una idea de lo incompleta que es la información ni la aplicación Walkme (al menos cuando fui), ni muchos otros sitios traen información para llegar a Caldeirão do Inferno. Yo me tuve que leer un buen número de blogs para asegurarme de que no estaba haciendo ninguna locura yendo hasta tan lejos.

Volviendo a la ruta, nuestro camino continúa por el túnel de la derecha. Creo recordar que el tercer túnel no tenía salida (eso me dijeron otros excursionistas).

El caso, que continuamos camino por esta levada durante un buen rato. Es un poco lo que ya vimos antes: zonas más complicadas que se rodean por caminos bien señalizados, zonas en las que pasas sobre un barranco, alguna que otra ducha que evitar y caminar, caminar, caminar por uno de los paisajes más grandiosos que he visto en la vida.

Hay un punto donde mucha gente se da la vuelta, tras un puente doble de metal con una cascada, tras un túnel. Parece que el camino se termina aquí y mucha gente simplemente se da la vuelta. Yo decidí echar un ojo un poco más de cerca, ya que tenía la idea de que se trataba de otra caldera volcánica y no me cuadraba.

Efectivamente, tras una pared el camino continua por un nuevo túnel, el último. Al salir de aquí ya casi estamos al final de la ruta. Tal vez kilómetro o kilómetro y medio para llegar (lo digo de memoria) y listo: unas escaleras de madera nos llevan al pie de otra cascada de varias decenas de metros de altura. Hemos llegado al final del camino. Desde aquí no hay ningún sendero que haya visto a ningún otro sitio.

Si te das la vuelta verás un valle cerrado, aunque no tan claustrofóbico u oscuro como el de Caldeirão Verde, y con una vegetación y un verde tremendos. Si alguna vez tuve la sensación de estar en un sitio completamente virgen fue aquí. Para mi un paseo imprescindible y una de las rutas que más he disfrutado. Os recomiendo el paseo porque merece la pena.

El Mapa
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