Lanzarote (y VI): Yaiza

sábado, 22 de abril de 2017

Playa Quemada (Yaiza, Lanzarote)
Playa Quemada (Yaiza, Lanzarote)


Puerto de Playa Blanca
Puerto de Playa Blanca


Vista desde Montaña Roja
Vista desde Montaña Roja


Montaña Roja (Yaiza, Lanzarote)
Montaña Roja (Yaiza, Lanzarote)


Los Hervideros (Yaiza, Lanzarote)
Los Hervideros (Yaiza, Lanzarote)


Los Hervideros (Yaiza, Lanzarote)
Los Hervideros (Yaiza, Lanzarote)


Salinas de Janubio (Yaiza, Lanzarote)
Salinas de Janubio (Yaiza, Lanzarote)


Salinas de Janubio (Yaiza, Lanzarote)
Salinas de Janubio (Yaiza, Lanzarote)


El Golfo
El Golfo


El Golfo (Yaiza, Lanzarote)
Charco de los Clicos


Como habéis podido ver Lanzarote es una isla pequeña pero intensa, con muchas cosas para ver en su escasa extensión. No me extraña nada que la gente esté muy enamorada de esta isla y de sus lugares.

Esta última ruta la voy a dedicar a Yaiza, un municipio del que conocemos la parte norte, donde están La Geria y Timanfaya, pero que aún tiene bastante para ofrecer.

Empezaremos camino en Playa Quemada, un pequeño pueblo de pescadores muy cerca de donde termina la zona más turística de Lanzarote. La gracia de Playa Quemada es doble.

Por un lado se trata de uno de los últimos pueblo de pescadores de Lanzarote. A pesar de estar al lado del puerto deportivo y las urbanizaciones turísticas de Puerto Calero en Playa Quemada no hay hoteles. No sé si hay algún alojamiento de menor categoría. Al menos yo no lo ví.

Lo que sí hay en Playa Quemada son varios bares y restaurantes, pero no tengo ni idea de cómo serán. Podéis echar un ojo en TripAdvisor, si es que están, aunque siendo un pueblo de pescadores yo me arriesgaría.

Por otro lado Playa Quemada es la puerta de una de las partes más vírgenes de Lanzarote, ya que es uno de los pocos accesos a un trozo de costa alejado de cualquier núcleo habitado y a donde no se puede llegar por camino asfaltado alguno. Así que hay gente que no se arriesga con las pistas que cruzan el macizo de Femés, deja el coche en Playa Quemada y va a las playas y caletas de esta zona a pie desde aquí.

Rodeando el Macizo y atajando por Femés llegaremos a la playa de Papagayo y las playas de Rubicón. Para acceder a buena parte de esta zona toca pasar por caja, ya que hay una cabina donde te van a cobrar por el aparcamiento algo así como cinco euros por vehículo. También puedes caminar, pero hasta Papagayo es un paseo. De todas formas, a partir de las seis o siete de la tarde el puesto de cobro cierra y se puede acceder libremente.

La Playa de Papagayo es muy icónica dentro de la isla y la más famosa de todo el sur de Lanzarote. En ella se rodó un clásico como "Hace un millón de años", donde un grupo de esforzados hombres prehistóricos se peleaban con una iguana gigante animada por Ray Harryhausen.

Hoy en día es una playa bastante tranquila y concurrida con vistas al Islote de Lobos y a la vecina isla de Fuerteventura. Un chiringuito al nivel del aparcamiento es la única posibilidad de comprar comida o bebida en esta zona.

No voy a pararme con Playa Blanca y las urbanizaciones adyacentes porque básicamente no me interesa para nada este tipo de lugares. Hay un puerto deportivo, Marina Rubicón, y el puerto de Playa Blanca, donde amarran los pescadores, embarcaciones deportivas y está el muelle que comunica a Lanzarote con el cercano puerto de Corralejo en Fuerteventura.

Pero al lado de Playa blanca, y con chalés y apartamentos construidos hasta sus laderas está el volcán de Montaña Roja. Es una lástima ver como la presión urbanística es capaz de construir hasta en lugares como este.

El volcán es fácil de visitar ya que hay senderos que permiten su ascenso con mucha comodidad y tiene la curiosidad de visitar un cono volcánico por dentro. A pesar de su escasa altitud tiene unas vistas estupendas del sur de la isla de Lanzarote, permitiéndote ver todo el municipio de Yaiza desde su cumbre. Como tantos otros montículos rojos o rojizos de las Islas Canarias se trata de un volcán antiguo y este color es el que adquieren los materiales que expulsó en su día al ser oxidados durante millones de años. En la parte más baja del cono una pequeña mancha verde muestra donde se concentra casi toda el agua las pocas veces que llueve.

Si miráis al oeste podréis ver un hotel abandonado y más al norte la característica mancha de las Salinas de Janubio.

Las Salinas de Janubio hoy en día no son rentables y que se mantienen en funcionamiento gracias a ayudas públicas por su valor histórico, etnográfico y cultural, fueron en su día una de las principales industrias de la isla. Hoy son más bien una especie de museo al aire libre para mostrar a las generaciones actuales cómo se extraía la sal y cómo se ganaba la gente la vida en una isla tan desértica como Lanzarote. Para los curiosos, hay una playa de arena negra entre las salinas y el mar abierto y que debe ser de las menos concurridas de la isla. Buen sitio para ir tranquilos.

Hay varios miradores en torno a las Salinas de Janubio y también se pueden visitar por las mañanas, en el horario de apertura del Almacén de la Sal.

Siguiendo por la carretera que empieza al lado de las Salinas de Janubio entramos ya en el área afectada por las erupciones de Timanfaya. Y aunque la lava se detuvo al llegar al mar dejó algunos lugares curiosos como los Hervideros.

Los Hervideros reciben su nombre por el efecto del agua al chocar contra el acantilado. Por un lado, la espuma de mar le da aspecto de agua hirviendo y por otro el aire, atrapado entre la roca y la ola, se comprime y sale silvando por los bufones que la erosión ha ido excavando en el terreno.

La visita es muy sencilla ya que la zona ha sido acondicionada con caminos y balcones para poder disfrutar del lugar y hay un amplio aparcamiento justo al lado. Se puede visitar en cualquier momento y no hay que pagar ni por aparcar, ni por la entrada.

Siguiendo nuestro camino hay otra playa de arena negra y una pequeña poza litoral, preludio del Charco de los Clicos, que es otra de las atracciones turísticas de la zona.

El Charco de los Clicos se ha formado en un anfiteatro originado por las erupciones de Timanfaya y que se conoce como El Golfo. En ell momento de escribir esto no es visitable: el acceso principal ha sido cortado por riesgo de derrumbe y el acceso desde el pueblo de El Golfo está perfectamente señalizado para prohibir a la gente que se acerque.

Esta ruta termina en el pueblo de El Golfo, otro pueblo marinero pero más volcado hacia el turismo, con multitud de bares y restaurantes para atender a los muchos turistas que se acercan hasta aquí.

Un poco más adelante del pueblo hay otra playa, la del Salto, cuyo acceso debe ser únicamente a pie. Aunque hay una pista de tierra no sé si está permitido recorrerla hasta el final al estar dentro de los límites de Timanfaya. No me acerqué hasta ella, así que si tenéis intención de visitarla es mejor que preguntéis en el pueblo.


El Mapa
Rutas relacionadas 


Lanzarote (V): La Geria

viernes, 14 de abril de 2017

La Geria (Lanzarote, España)
La Geria (Lanzarote, España)


La Geria (Lanzarote, España)
La Geria (Lanzarote, España)


La Geria (Lanzarote, España)
La Geria (Lanzarote, España)


La Geria (Lanzarote, España)
La Geria (Lanzarote, España)


La Geria (Lanzarote, España)
La Geria (Lanzarote, España)


La Geria (Lanzarote, España)
La Geria (Lanzarote, España)


Mi gusto por visitar lugares extraños no podía estar completo sin visitar La Geria. Desde la primera vez que oí hablar de este sitio, hace años, lo marqué en rojo en mi lista de "Lugares que tengo que ver antes de morirme".

La Geria es una de las escasas zonas de viñedo de las Islas Canarias y tal vez sean las viñas más exóticas de España. Con la cantidad, calidad y variedad de vinos que tenemos en España eso tiene mucho mérito. En el post anterior mencioné de pasada el origen de La Geria, como consecuencia de las erupciones de Timanfaya.

La Geria está en la parte exterior de la zona afectada. En Google Maps se puede ver de forma clara la frontera y cómo una línea de viejos conos volcánicos que va de Femés a San Bartolomé ayudó a contener el lapili y la lava. De no ser por esa barrera natural tal vez Tías y Puerto del Carmen serían muy diferentes a como las conocemos.

Poneos en la situación de los lanzaroteños de aquellos años: una cuarta parte de tu isla, aquella donde estaban las tierras más fértiles (para el estándar isleño) desaparecen bajo un manto de lava ardiente y varios metros de ceniza volcánica. Según me contaron el rey prohibió, bajo pena de muerte, la salida a los isleños pero no encontré información sobre eso en internet.

Si véis el mapa que enlazo abajo veréis que algunas zonas fértiles que escaparon a la destrucción son muy visibles y contrastan fuertemente tanto con los restos volcánicos como con el cercano Jable y otras tierras que se libraron, como Tao o Tiagua, por ejemplo.

Así que la obtención de nuevos cultivos se vuelve crítica para los isleños. Sobre todo cuando comienza el último cuarto del siglo XVIII, unos cuarenta años después del inicio de las erupciones de Timanfaya se produce una hambruna.

En este emomento los lanzaroteños ya se han dado cuenta de que las plantas que nacen en el lapili y enraízan en la tierra fértil de debajo tienen un crecimiento más favorable. Esto es porque el lapili (llamado "picón" en las islas) evita que el agua del suelo se evapore e incluso favorece la condensación de la humedad ambiental.

Así que los isleños, apenas unos miles (un siglo antes la isla tenía menos de 5000 habitantes), encontraron en estas tierras una fuente de alimento. Plantaron frutales, como las higueras, y sobre todo viñedo.

La forma de cultivo es sencilla, pero dificultosa: se trata de excavar un hoyo de unos dos metros de profundidad donde plantan la higuera o el viñedo y que luego rodean con un muro para proteger a la planta de los vientos y de la salitre que a veces viene del mar. Y luego rezan para que esa planta prospere. Y requieren muchos cuidados para poco rendimiento aunque hay higueras, como una que está en la Ruta Tremesana, que en sus tiempos dieron de comer a muchos conejeros. Según me contaron durante el paseo si las higueras dejan de podarse a los pocos años mueren.

La Geria es un entorno increíblemente delicado y cuidado con mucho trabajo y dificultad. Ni se os ocurra meteros en una geria (es así como llaman a los hoyos) para haceros una foto o tocar la planta por aquello de que es pintoresco.

Estas viñas, como podéis imaginar, tienen muy poco rendimiento y la vendimia suele ser bastante temprana. Aunque hay otras variedades la principal y más conocida es el malvasía, un vino blanco del que me gustaría poder hablar con propiedad pero soy un perfecto negado para estas cosas. A mi me gustó y os recomendaría probarlo, pero estoy lejos de poder hacerle una ficha de cata.

Para visitar La Geria lo más recomendable sería seguir la carretera que va desde Uga hasta Teguise o desviarse por la carretera que lleva a Tinguatón y Mancha Blanca. Y donde sea posible dejar el coche para adentrarse por los caminos que te llevan entre los viñedos o que te permiten subir a alguno de los viejos conos, como el del volcán de El Cuervo.

Para ver qué rutas se pueden hacer, ya que no todos los caminos tienen acceso público, os recomiendo buscaros alguna ruta en Wikiloc, como esta ruta circular que incluso sube a un volcán.

Insisto en lo que dije en el post sobre el risco de Famara y el de La Graciosa: no hay sombra, no hay agua y el camino no siempre va a ser cómodo, así que sombrero si no tenéis aguante bajo el sol, bebida en abundancia y calzado apropiado.

Si vuestro interés es también visitar algunas de las bodegas hay algunas que son visitables e incluso alguna web propone una ruta del vino por la zona con algunas recomendaciones. Si está bien, mal o regular ni idea porque no la hice. Soy más de los de caminar entre los viñedos pero lamento no haber ido a un museo que está en Masdache y que cuenta la historia del lugar de forma detallada.

El Mapa
Rutas relacionadas 

Lanzarote (IV): Parque Nacional de Timanfaya

domingo, 2 de abril de 2017

Timanfaya (Lanzarote, España)
Centro de Visitantes de Mancha Blanca


Timanfaya (Lanzarote, España)
Centro de Visitantes de Mancha Blanca


Timanfaya (Lanzarote, España)
Centro de Visitantes principal


Timanfaya (Lanzarote, España)
Valle del Silencio


Timanfaya (Lanzarote, España)
Ruta Tremesana


Timanfaya (Lanzarote, España)
Ruta Tremesana


Timanfaya (Lanzarote, España)
Cultivos de higueras en el lapili


Timanfaya (Lanzarote, España)
Ruta Tremesana


Timanfaya (Lanzarote, España)
Ruta Tremesana


Timanfaya (Lanzarote, España)
Ruta Tremesana


Timanfaya (Lanzarote, España)
Ruta Tremesana y mina de picón



"El día 1 de septiembre de 1730 , entre las nueve y las diez de la noche, la tierra se abrió en Timanfaya, a dos leguas de Yaiza... y una enorme montaña se levantó del seno de la tierra".
En España no estamos acostumbrados a tener grandes catástrofes naturales capaces de transformar totalmente una extensión significativa de terreno. No hay grandes volcanes, salvo el Teide, dormido desde hace siglos y ni se recuerda la última vez que un tsunami azotó nuestras costas. Tan sólo grandes temporales nos han afectado y ninguno de ellos es comparable a lo vivido en Lanzarote entre los siglos XVIII y XIX.

Con estas palabras que abren el post contaba Lorenzo Curbelo, párroco de Yaiza, lo que fue el inicio del mayor desastre natural de la historia de España. Las Canarias son una zona vulcanológicamente activa y en Timanfaya ocurrió el último gran episodio eruptivo.

Una cuarta parte de la isla, y buena parte de sus mejores tierras cultivables, desaparecieron bajo un manto de lava, ceniza y lapilis. Nueve pueblos desaparecieron y sus habitantes tuvieron que huir a otras partes de la isla y sobrevivir como pudieron, ante la prohibición inicial por parte del rey de abandonar la isla, temeroso de que esta fuese ocupada por los ingleses.

Más adelante se les permitió emigrar (y lo hicieron), pero aquellos que decidieron quedarse se enfrentaron a terribles hambrunas salvadas parcialmente con un ingenio que transformó los paisajes de la isla y aparecieron las higueras y los viñedos de La Geria y se explotaron zonas hasta entonces deshabitadas.

Andando el tiempo se fundó el Parque Nacional de Timanfaya-Montañas de Fuego, y aunque el territorio del parque se ha conservado magníficamente a lo largo de estos siglos era necesario asegurar su futuro.

El área administrada por el Parque no representa la totalidad de los campos de lava que surgieron aquellos días y aún estas partes fuera de su jurisdicción se conservan bastante bien. Y esto es así, básicamente, porque sería una locura tratar de construir o cultivar en buena parte de esta zona: toneladas y toneladas de escoria volcánica cubren esos terrenos y buena parte de ellos parecen totalmente estériles.

En el malpaís sólo algunos tímidos líquenes y algunas plantas invasoras, como la vinagrera, la aulaga o la tabaiba luchan por hacerse hueco allí donde pueden echar una raíz. En las montañas de lapili y en los islotes la vida se abre camino con más fuerza, pero siendo el clima tan árido y tan seco es un proceso extremadamente lento, a pesar de la creciente humedad que trae el cambio climático.

Visitar Timanfaya

Hay básicamente tres formas de visitar Timanfaya: en dromedario o en coche y autobús o a pie.

En dromedario tal vez es la manera más original por aquello de que en Europa no estamos acostumbrados a estos animales, pero por lo que veo no merece mucho la pena: 12 euros, 25 minutos a velocidad muy reducida y ya.

En coche es lo más normal. Consiste en llevar el coche hasta el centro de visitantes, previo pago de 9 euros por adulto y 4,5 por cada niño pequeño y una vez allí coger un autobús lanzadera que te lleva por una carretera de unos 14 kilómetros, haciendo brevísimas paradas, mientras una locución te va explicando lo que ves. Para los aficionados a la fotografía: paciencia. El bus no lleva las ventanas perfectamente limpias y además no se pueden abrir. No contéis con grandes fotos a pesar de estar en un paisaje absolutamente grandioso.

Es un trayecto bastante interesante pero que se hace corto y breve. Paras delante de algún jameo, delante de alguna zanja para ver los restos de roca derretida, como si fuera chocolate, paras delante de algún paisaje singular y de algún cono volcánico y la traca final es el Valle del Silencio, la parte más interna y espectacular del Parque. Parece como visitar un Marte gris.

Y eso es todo. El bus te deja en el centro de visitantes donde te harán demostraciones de alguna anomalía geotérmica lanzándole agua o quemando algo de paja.

Y lo que te queda es comprar souvenirs o comer, algo caro, en el restaurante El Diablo. La comida, cocinada con el calor del volcán, no es demasiado abundante pero, al menos el plato que tomé, está bastante buena. Mi única queja sería el servicio pero vamos a decir que son humanos, cometen errores y me tocó a mi ser el "olvidado" dentro de la mucha gente que había a esa hora. Donde no cometieron errores fue a la hora de cobrar, donde lo que había pedido (y no me trajeron) aparecía perfectamente facturado. Afortunadamente, tampoco cometieron errores al atender a mi reclamación y descontaron esa parte.

A pie es mi manera preferida de visitar Timanfaya. Es tal vez la más desconocida de las visitas al parque y, de muy lejos, la más interesante. Se trata de la Ruta Tremesana.

La visita no comienza en el Centro de Visitantes del restaurante, si no desde otro diferente, el Centro de Visitantes de Mancha Blanca, un pequeño edificio situado al borde de un campo de malpaís de lo más estéril que vi en Timanfaya y donde hay una pequeña exposición acerca del Parque y de su historia. Aunque no es necesario reservar con anticipación si vas en el primer turno (en mi grupo varios visitantes no aparecieron), es más que recomendable utilizar la web que ponen a tu disposición para ello. El coste es gratuito y el recorrido, de varios kilómetros, dura unas tres horas.

Si hace sol, recomiendo llevar bebida y si no estás acostumbrado a caminar bajo la solana, una gorra, sombrero o sombrilla. Y calzado cómodo. Unas zapatillas de deporte pueden valer si se anda con cuidado. Y si no hace mucho calor, no está de sobra llevarse algo de manga larga, porque la brisa es constante.

Lo primero que hay que saber es que el camino no empieza en el Centro de Visitantes. Desde ahí salen dos grupos de forma simultánea en todoterreno hasta ambos extremos de la ruta de forma que cada grupo se va en el todoterreno que trajo al otro grupo.

Una vez aparcado el todoterreno los guías te llevan por un camino del que no te puedes salir y te van explicando paso a paso todo lo que ves y responden a las preguntas de los visitantes. Es gente muy amable y muy profesional que hacen el camino muy ameno.

Por el camino verás zonas de lapili, algunos islotes (montículos que ya estaban ahí antes de la erupción y que no han sido totalmente cubiertos por lava o ceniza), alguna anomalía geotérmica y tramos de malpaís con lavas de tipo AA y pahoehoe. También podrás entrar en un jameo para ver cómo es un tubo volcánico reciente por dentro.

Mi recorrido terminó al lado de una antigua mina de picón, el lapili que los conejeros aprovecharon durante mucho tiempo para cubrir el terreno de sus fincas. De esta forma evitan que las malas hierbas las invadan, mientras aprovechan su capacidad de condensar el agua. En una zona tan árida toda ayuda es poca.

El Mapa
Rutas relacionadas 

Lanzarote (III): La Graciosa

miércoles, 29 de marzo de 2017

Mirador de El Río (Lanzarote, España)
La Graciosa en el mirador de El Río


Órzola (Lanzarote, España)
Puerto de Órzola


Punta Fariones (Lanzarote, España)
Punta Fariones


La Caleta del Sebo y El Río (La Graciosa, Islas Canarias)
Puerto de La Caleta del Sebo


La Caleta del Sebo y El Río (La Graciosa, Islas Canarias)
Famara desde La Caleta del Sebo


Playa de las Conchas (La Graciosa, Islas Canarias)
Playa de las Conchas


Playa de las Conchas (La Graciosa, Islas Canarias)
Playa de las Conchas


Playa de las Conchas (La Graciosa, Islas Canarias)
Playa de las Conchas


Montaña Blanca desde Montaña Roja
Montaña Blanca desde Montaña Roja


Montaña Roja (La Graciosa, Islas Canarias)
Montaña Roja


Interior de La Graciosa (Teguise, Islas Canarias)
Interior de La Graciosa


Aunque salimos geográficamente de Lanzarote voy a meter este post dentro de la lista de artículos que estoy dedicando a esta isla canaria. La razón es básicamente que La Graciosa pertenece a Teguise, uno de los municipios del norte de Lanzarote y que para el 99% de los visitantes de la isla su punto de entrada en la misma va a ser por Órzola y enlaza bien con la ruta anterior, que terminaba aquí mismo.

Cuando en España nos enseñan geografía en el colegio siempre nos dicen que las Islas Canarias es un archipiélago español situado a unos 200 kilómetros del continente africano, al que se adscribe, y que está formado por una serie de islas, islotes y peñones de los cuales siete están habitados.

Bueno, pues esto no es del todo cierto. La Graciosa es la octava isla habitada de Canarias y cuenta con tan sólo dos núcleos de población. La capital de la isla sería el primero de estos núcleos y se conoce como La Caleta del Sebo. Es donde está el puerto de la isla y a donde van a llegar la inmensa mayoría de los visitantes. El otro es Casas de Pedro Barba, pero no es un núcleo permanente. Es más bien una urbanización vacacional que la mayor parte del tiempo está desierta (o eso dicen, no tuve tiempo de ir hasta ella).

Tal como decía en el post anterior, la forma de llegar hasta La Graciosa es cogiendo un barco por 20€ desde Órzola. Este era el precio para no residentes en 2016, pero podéis consultarlo en las webs de las diferentes navieras antes de viajar.

De nuevo, si vuestra idea es coger el primer barco disponible lo mejor es aparcar fuera de los párkings de las navieras y luego comparar horarios. Si aparcáis en uno de los párkings vais a tener que coger el primer viaje disponible de esa naviera. El aparcamiento va incluido en el billete pero si, como yo, estáis escasos de tiempo no mola nada.

El viaje en barco lleva sobre media hora (si no recuerdo mal) y es bastante interesante, no sólo por las vistas de La Graciosa si no por las vistas del Risco de Famara y de Punta Fariones.

Una cosa que no dije en el post anterior es que estos Fariones son los "auténticos". Lo digo porque en Puerto del Carmen hay una zona a la que también llaman así y es por el nombre que pusieron una promoción turística, tipo hotel y apartamentos, y puede ser que os lieis alguna vez entre uno y otro sitio.

Una vez que llegáis a la isla podéis contratar algún tipo de transporte o empezar a caminar. Las opciones son contratar un viaje en todoterreno (un puñado de gracioseros viven de esto), tanto para ir a un punto concreto como para hacer un tour por la isla. Los precios son muy altos pero, afortunadamente, se puede compartir viaje con otros visitantes y eso rebaja bastante el precio.

Otra opción es la de alquilar una bicicleta para desplazarse libremente pero os aviso que hay bancos de arena y que donde no los hay las pistas de tierra son muy irregulares. Abstenerse culos delicados y piernas poco acostumbradas a pedalear.

En cualquier caso, recordad llevar agua. En la isla, fuera de la Caleta del Sebo, no hay ni kioskos, ni fuentes, ni nada de nada. La Graciosa es una isla totalmente desértica, sin sombra, y hay que tenerlo en cuenta. Y nada de llevar zapatos o tacones como vi a una despistada que pasaba por allí.

En mi caso y debido a una serie de imprevistos el día que iba a dedicar a la isla se quedó en unas pocas horas y gracias y tuve que optar por el todoterreno, compartido con otros turistas. Tened en cuenta que el último barco es ridículamente temprano, así que nada de quedarse allí hasta el anochecer. De todas formas, si lo hacéis en la isla hay bastantes alojamientos y a un precio bastante razonable, del orden de los 20 euros la noche. No creo que sea muy lujoso pero debe ser más que aceptable.

A pesar de ser tan pequeña la isla, de algo menos de 30 km2, tiene bastante para ver. Hay varios conos volcánicos visitables y varias montañas a las que podéis subir para admirar las vistas de la isla y de Lanzarote, al otro lado del Río, con el omnipresente Risco presidiendo la escena. O podéis girar la cabeza al otro lado y ver los islotes y peñones del Archipiélago Chinijo, del que La Graciosa es el principal elemento.

Desde Montaña Bermeja, al lado de la Playa de las Conchas las vistas del islote de Montaña Clara son espectaculares. La subida hasta la cumbre de este antiguo volcán es sencilla aunque agotadora y existe la posibilidad de acceder desde el extremo norte de la playa, desde donde parte un sendero, o subir desde el párking donde te dejan los todoterrenos. No es el punto más alto de la isla, pero casi, así que os advierto de que el desnivel es bastante pronunciado.

Otra cosa. Hay que tener cuidado con las playas. En Las Conchas la bandera roja es permanente o casi, no importa que el día esté maravillosamente soleado y que el mar parezca un plato. El mar es increíblemente traicionero allí y hay casos de un repentino golpe de mar que se ha llevado a gente en días así. Si pretendéis pasar un día de playa y baño tal vez os convenga más investigar un poco antes de ir a la isla para elegir playa. Una buena elección puede ser la Playa Francesa, aunque ya os digo que no va a estar tan desierta como otras debido a su cercanía con la Caleta del Sebo. Cerca hay otras playas como la de Montaña Amarilla que también parecen bastante resguardadas

Por cierto, debo dar gracias a Martina por hablarme de este sitio el día en que la conocí a ella y a su hoy marido. Desde aquel momento y hasta el día en que hice esas fotos tenía muchas ganas de conocer esta maravillosa isla. Si no fuese por ella tal vez nunca la hubiese visitado.


El Mapa
Rutas relacionadas 

Lanzarote (II): El Risco de Famara

sábado, 25 de marzo de 2017

Carretera a Famara por El Jable
Carretera a Famara por El Jable


Caleta de Famara (Lanzarote, España)
Caleta de Famara


Playa de Famara (Lanzarote, España)
Playa y Risco de Famara


Playa de Famara (Lanzarote, España)
Playa de Famara


La Caleta desde el Risco
La Caleta desde el Risco


El Bosquecillo
El Bosquecillo


Camino de los Gracioseros (Lanzarote, España)
Camino de los Gracioseros


Playa del Risco
Playa del Risco


Mirador de El Río (Lanzarote, España)
Mirador de El Río


Punta Fariones (Lanzarote, España)
Punta Fariones


Órzola (Lanzarote, España)
Puerto de Órzola


Aunque en Lanzarote no hay grandes montañas sí que hay un par de macizos que llaman la atención. Uno, el menos conocido, se encuentra en Yaiza y es el que guarda la costa casi virgen que va desde Papagayo hasta Playa Quemada.

El otro, mucho más conocido e impresionante es el Risco de Famara, que ocupa casi todo el norte isleño. De hecho, el Malpaís de la Corona que vimos en el post anterior es una parte de este macizo, una suave transición desde el volcán que da nombre al área hasta el mar.

Pero su lado occidental es mucho más abrupto y recuerda un poco a los acantilados de Madeira, al combinar una fuerte pendiente vertical con una llanura litoral. La diferencia es que el Risco de Famara es mucho más árido y desnudo que Madeira, exceptuando la Ponta de São Lourenço.

Hay rutas de senderismo que recorren casi todo el Risco de Famara, desde La Caleta de Famara hasta Órzola, y ninguna en coche. Hay algunas pistas de tierra que pueden ser recorridas parcialmente pero su estado no es del todo recomendable, y hay otros tramos asfaltados. Por desgracia Google Maps no conoce estas pistas y el mapa no va a ser demasiado exacto esta vez.

Famara es una de las playas más famosas de Lanzarote. La belleza de su entorno, con el Risco presidiendo su parte norte y los vientos que la convierten en una playa muy apreciada por los amantes del surf en sus diferentes modalidades son la causa de esta fama.

Sorprendentemente no es una playa totalmente machacada por el turismo como las de la costa oriental de Teguise y el pueblo de La Caleta, aún estando hoy dedicado al turismo, conserva su forma de pueblo de pescadores.

A pesar de estar relativamente intacta hay una urbanización que pegada al Risco, producto de ese urbanismo depredador que tenemos en España y donde vender a cualquier precio, sin importar la sostenibilidad del proyecto, es la única religión.

Y ese proyecto es insotenible: no tiene nada que ver con su entorno, donde se gasta una cantidad enorme de agua en una zona especialmente seca y árida de la isla y cuya parte inferior está siendo invadida por la arena. Y no es poca la arena: a veces el acceso a la urbanización se corta total o parcialmente porque se forma un banco de arena a la entrada. También hay calles y casas (algunas ya abandonadas) que sufren el paso de la arena por su espacio natural.

Para los que vayan en coche tocará hacer un enorme rodeo hasta llegar a la siguiente parada, pero los que prefiráis ir a pie podéis hacer esta ruta que está en Wikiloc y que cubre buena parte de este post.

Y en esta parada, ya en la parte más espectacular del Risco de Famara visitaremos dos miradores. Uno, el que se encuentra al lado del Observatorio Astronómico, ofrece las mejores vistas de Famara y la Caleta, y de buena parte del Jable y la costa hasta La Santa. El otro, justo al lado y conocido como El Bosquecillo, ofrece buenas vistas del acantilado hacia el norte. Es una zona muy escarpada del Risco y da un poco de vértigo, la verdad.

A partir de aquí hay varias pistas pero no creo que sea buena idea meter un coche. Aunque la parte más cercana está adoquinada más adelante se convierte en una pista agrícola y no tengo ni idea de cómo puede estar. Desde Google Maps no me da la impresión de estar en muy buen estado. Vosotros mismos.

Hay otros miradores más adelante, como el de La Caldera o el de Guinate, pero hay uno que es especialmente interesante, cerca de la Finca la Corona. Desde este Mirador hay un sendero que baja el risco y te permite llegar a la playa que hay abajo, una de las más solitarias de la isla por razones obvias y a lo que queda de las Salinas del Risco. No recomiendo bajar si no estás en buena forma. A buen paso son fácil 45 minutos de subida y otros tantos de bajada para salvar los casi 500 metros de desnivel en este punto. En Wikiloc hay otra ruta a la que llaman "El Camino de los Gracioseros" y que cubre este tramo.

Una cosa más. Cuando dejéis el coche aparcado no dejéis nada a la vista: hay restos de cristales en el suelo, lo que me hace sospechar que está bien vigilado por los cacos.

Nuestra siguiente parada ya sería el Mirador del Río. Como el resto de puntos singulares diseñados por César Manrique la entrada es un palo. Si queréis entrar os recomiendo comprar la entrada conjunta con otros lugares de interés como Timanfaya, la Cueva de los Verdes o Los Jameos del Agua. Creo que la entrada da derecho a consumición en un bar que tienen aquí, pero si vais por las vistas, desde el exterior del Mirador son prácticamente iguales.

El Río es como llaman los conejeros al brazo de mar que separa Lanzarote de la isla de La Graciosa. Desde este punto del Risco se domina tanto la Isla Graciosa como el resto del Archipiélago Chinijo, al que pertenece. Ya veremos La Graciosa en el siguiente post, así que tampoco me voy a extender.

La siguiente parada y punto final de esta ruta es Órzola, la localidad más septentrional de la isla. Si a alguien le interesa visitar Punta Fariones hay una ruta de senderismo que le puede ser de ayuda y que llega hasta Órzola.

Si no me equivoco viendo Google Maps, debe haber una ruta más directa entre Punta Fariones y Órzola pero recomiendo informarse antes. Es posible que la persona que lo intente tenga que volverse sobre sus pasos durante varios kilómetros.

Órzola es un pueblo de pescadores que vive a la sombra de Punta Fariones. La mayor parte de los visitantes que recibe son turistas que pretenden coger aquí un barco para ir hacia La Graciosa. Dos cosas que hay que saber: la primera es que el precio del billete está regulado y es el mismo para todas las navieras (hay varias). Lo segundo que hay mucho personal de estas empresas tratando de enviarte hacia sus párkings: si aparcas en su parcela les vas a comprar a ellos el billete y no a su competencia. Tenedo en cuenta si lo habéis comprado anticipadamente o si pretendéis comprar en el puerto y salir en el primer barco disponible.

El pueblo en sí es parecido a la Caleta de Famara y a otros muchos pueblos de Canarias, con esas casitas encaladas y de techo cuadrado que tanto recuedan a las construcciones del Magreb. No es una locura de bonito, pero merece la pena darse un paseo por él y visitar también el puerto.

Y hasta aquí la ruta de hoy. En la siguiente tomaremos el barco y visitaremos La Graciosa.

El Mapa
Rutas relacionadas 

Lanzarote (I): El Malpaís de la Corona (Haría)

sábado, 18 de marzo de 2017

Malpaís de la Corona (Haría, Lanzarote)
Tabaiba y volcán de La Corona


Malpaís de la Corona (Haría, Lanzarote)
Carretera del Malpaís


Malpaís de la Corona (Haría, Lanzarote)
Jameo en la carretera de Órzola


Malpaís de la Corona (Haría, Lanzarote)
Jameo en la carretera de Órzola


Malpaís de la Corona (Haría, Lanzarote)
Huertos a los pies del Volcán


Malpaís de la Corona (Haría, Lanzarote)
Jameo en el Malpaís de la Corona


Risco de Famara y Volcán de la Corona (Haría, Lanzarote)
Colada del Volcán en el Risco


Tal y como habéis visto si seguís este blog en España hay infinidad de lugares absolutamente maravillosos para descubrir. Algunos más conocidos, otros menos, estos lugares capturan la imaginación de quienes los visitan y no es raro que grandes producciones fantásticas como Juego de Tronos o Star Wars hayan buscado escenarios en nuestro país.

Pero dentro de lo mucho y bueno que hay en España si hay un lugar diferente ese es Canarias, debido a su vulcanismo, aún activo, que ha modelado unas islas diferentes. Y dentro de las Canarias, Lanzarote es la más volcánica de todas.

Dentro de la isla se pueden encontrar restos de tres erupciones recientes. La más pequeña es la que está a pies del volcán de Tahiche, entre Teguise y Costa Teguise. Aunque el cono está totalmente degradado su colada es aún hoy una mancha de basalto y lava en mitad de campos de tierra. En Google Maps se puede apreciar perfectamente.

La más moderna y más espectacular es Timanfaya, que abarca algo así como la cuarta parte de la superficie isleña. Fueron una serie de surgencias y explosiones de lava de baja intensidad entre los siglos XVIII y XIX. A los locales debió parecerles el fin del mundo. Y para muchos, por desgracia, así fue en la hambruna que vino a continuación.

Pero en el norte de la isla, en tierras de Haría, está el que el sitio más extraterrestre en el que he estado en mi vida: el Malpaís de la Corona.

Un malpaís es un terreno por el que han pasado coladas volcánicas, dejando a su paso una región de roca apenas erosionada y que en un principio es estéril. A partir de ahí la vida irá colonizando y degradando la roca creando sustrato y tierra fértil. En un ambiente tan árido como el de Lanzarote es una tarea de decenas de miles de años. La Corona tiene sobre unos 25 mil años y ahí sigue, muy lejos de convertirse en terreno fértil. Pero hay quien ya ha colonizado la roca.

Descubrí el lugar un poco por casualidad. A pesar de haber preparado medio bien el viaje nunca había oído o leído acerca del Malpaís de la Corona. En mi primera mañana en la isla tenía previsto visitar La Graciosa, una pequeña isla de la que hablaré próximamente.

Resulta que en lugar de meterme por la carretera de la costa como todo hijo de vecino el Sygic decidió que la ruta por el interior era mucho mejor y como no conocía la isla le hice caso. En términos de tiempo es un error, pero en términos de interés no hay color.

Iba tan pendiente de la carretera para llegar a tiempo al barco que no me di cuenta hasta que estaba bien adentro del Malpaís de que el paisaje que me rodeaba no era un paisaje normal. El paisaje que me rodeaba o, más concretamente, la vegetación de ese paisaje no se parecía en nada a cualquier otro lugar que hubiese visto antes. Tal vez alguna planta me recordase a alguna cosa que había visto en macetas, de estas plantas un poco raras que a veces hay en jardines, pero el resto y el conjunto en sí me parecía sacado de una película de ciencia-ficción. En cuanto pude busqué un lugar para aparcar y lo de llegar a tiempo al barco de repente no parecía tan importante. Saqué una foto y seguí hacia Órzola. A la vuelta de La Graciosa volví a pasar por aquí. La carretera de la costa tenía tiempo de recorrerla y el Malpaís me llamaba mucho la atención.

Dentro de la increíble vegetación que está colonizando el malpaís hay una planta que destaca, la llamada tabaiba dulce llamada así porque los guanches la usaban como chicle para reducir la sensación de sed. También está su prima la tabaiba amarga, usada por los guanches para pescar matando a los peces por la toxicidad de la sabia.

En el malpaís ha aparecido últimamente una nueva colonizadora, la vinagrera, una planta que si no recuerdo mal procedía de El Hierro y que se adaptó maravillosamente a la isla, representando un problema importante para la vegetación local, que se ve en desventaja. En Timanfaya están viendo como montañas de lapili perfectamente yermas están siendo colonizadas a toda velocidad por esta planta.

También hay un buen número de aulagas y de líquenes, que han teñido de amarillo buena parte de las rocas. A pesar de la aridez de Lanzarote la parte norte se puede considerar húmeda (para el estándar isleño), ya que los alisios a veces cubren con nieblas o nubes esta parte de la isla, siendo más húmeda la parte superior del Volcán de la Corona.

Hay otra característica especial de este Malpaís y es que está recorrido por el tubo volcánico más largo que se conoce. Parte del Volcán de la Corona y tiene una parte submarina de unos 1500 metros. En su recorrido hay dos tramos que pudiera ser que os suenen porque salen en la mayor parte de folletos turísticos, la Cueva de los Verdes y Los Jameos del Agua.

Estos tubos volcánicos se forman cuando un río de lava queda sepultado por capas que se van enfriando y solidificando y funciona como una especie de tubería. A medida que el flujo ígneo va perdiendo caudal este tubo va quedando vacío. En algunas partes el techo no es lo suficientemente estable y con el tiempo termina cediendo. A esta parte descubierta es a la que llaman "jameo" en la isla.

Como véis un lugar que tiene mucho que explicar aunque su extensión sea bastante reducida, de sólo unos 45 kms2.

El Mapa
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